Los sistemas de telefonía móvil utilizan ondas de radiofrecuencia para transmitir la información, igual que ocurre con las emisiones de radio y televisión. Los móviles utilizan las radiaciones electromagnéticas para conectar el Terminal receptor de la llamada con la estación base más próxima. La intensidad del campo electromagnético depende del número de personas que en cada momento estén utilizando el teléfono.
La energía disminuye a medida que aumenta la distancia, también hay otras redes inalámbricas que permiten obtener servicios y acceso a Internet de alta velocidad que también utilizan ondas de radiofrecuencia, por lo que también son dañinas.
Un motivo de inquietud común es el de los efectos a largo plazo. El único efecto en la salud que se ha señalado en los estudios científicos se refería al aumento de la temperatura corporal pero los aumentos de temperatura son insignificantes y no afectan a la salud de las personas.
Sobre el cáncer, se publicaron casos de cáncer en torno a estaciones de base de telefonía móvil pero hay que destacar que el cáncer se distribuye de forma irregular en cualquier población. Los estudios a largo plazo en animales tampoco han detectado un aumento del riesgo de cáncer por exposición a campos de radiofrecuencia, incluso en niveles muy superiores a los que producen las estaciones de base y las redes inalámbricas. No hay pruebas de que se produzcan alteraciones del sueño o de la función cardiovascular.
El proyecto, que se pondrá en marcha en los próximos meses la Comisión Europea analizará en concreto si el uso de móviles en niños y adolescentes podría suponer un riesgo más elevado para la aparición de tumores cerebrales.
Muchos de nosotros llevamos mientras estamos en el instituto el móvil en el bolsillo, no solamente en el recreo si no que también lo llevamos en las horas de clase. El caso, es que los móviles son posibles agentes cancerígenos, y a lo mejor deberíamos plantearnos llevar encima el móvil durante tanto tiempo.Otro problema es, en nuestras casas, mantener el router WiFi encendido sin ser usado, porque esto emite y recibe microondas que, al igual que el móvil, podrían producir efectos nocivos.
De momento no esta comprobado científicamente pero siempre cabe la posibilidad de que tanto el uso constante del móvil, o simplemente llevarlo en el bolsillo, como tener siempre encendido el WiFi, puede ser dañino para nuestra salud.
